Hoy quiero apostar por algo distinto. Me alejo un poco de la gestión del cliente para centrarme en la gestión de las personas. En cómo nos dirigimos a ellos, a veces incluso sin querer. Que también es muy importante, a su misma altura. Estamos en la semana del Orgullo, pero pasaron ya el día de la Mujer Trabajadora, el de la Fraternidad Humana, el de la Eliminación de la Discriminación Racial…
Año tras año y poco a poco hay cosas que van cambiando, muy lentamente, pero últimamente tengo la sensación que estamos yendo hacia atrás en algunos aspectos que no deberíamos, sobretodo con la aparición de algunos personajes. Ojalá no fueran necesarios tantos días para tener que reivindicar cosas que en el momento en el que estamos debería ser asumido como algo natural como es la tolerancia y la igualdad sin discriminación.
Ojalá cada persona tuviera la libertad REAL de hacer lo que realmente quiera en su vida privada (sin perjudicar a otra persona evidentemente) sin que se tuviera que publicarse a los cuatro vientos o esconderse o tener miedo.
Yo ya hace años que tomé una determinación y que intento aplicar en mi día a día. Comportarme con las personas por como ellas se comportaban conmigo, por lo que me aportaban y yo a ellos e independientemente de su sexo, edad, orientación o ideas políticas. Y todo esto lo intento cumplir en mi día a día, aunque no es fácil. ¿Supongo que a todos los que tenemos ese pensamiento nos pasa no? Sobretodo lo que más me cuesta es con la gente que se cree en el derecho de coartar libertades por el hecho de con quien cada uno se mete en la cama, si rezo a un Dios, a otro o a ninguno o la imagen que pueda tener.
Todos deberíamos ser tratados como personas, con los mismos derechos, libertades y obligaciones indistintamente de lo que nos configura como persona.
Ejemplos los hay mil. Cuántas veces estando en un trabajo hemos visto que un compañero era tratado de forma distinta, se le exigía menos que a otro en igualdad de condiciones o incluso en condiciones mejores que el otro con la excusa de “Es que no sabe” o “Eso no se le da bien” o “Es que a ti se te da mejor”. Es otra forma de discriminación, en este caso laboral.
Retomando lo arriba indicado. Hay veces que soy intolerante y no creo que deba cambiarlo. Intolerante con los que se consideran que por el color de tu piel tienes menos capacidades. Intolerante con el que en función de con quién te metes en la cama te trata de una forma o de otra y quiere coartar tus libertades. Intolerante con el que aún se cree lo del sexo débil. Intolerante con el que apuesta por una superioridad basada en el género, sea en la dirección que sea, sin apostar por una igualdad real y sin molestarse en conocer a las personas. Intolerante con el que cree que una familia debe estar formado única y exclusivamente por hombre y mujer sin dar cabida a las distintas modalidades de familia que hay hoy en día donde lo importante es que haya amor, cariño, comprensión y respeto.
Y ya puestos que me vengo arriba y aunque no esté directamente relacionado, intolerante con la incapacidad de la mayoría de la denominada “clase política” que están más preocupados por salir bien en la foto y de a ver quién gana más aplausos a golpe de chascarrillo y de tweet en lugar de preocuparse por lo que a la gente realmente necesita: salud, vivienda, trabajo, estabilidad,… Con sus sueldos y complementos astronómicos además de esas incomprensibles pagas vitalicias, la mayoría viven totalmente alejados de la vida real. Ya no digo la gente que cobra mil euros al mes que, más o menos, pueden ir sobreviviendo, sino de los que ni siquiera pueden con eso. Y no quiero ser demagógico ni populista, pero si eso no está en el top 10 de las cosas importantes que no está en un país, el bienestar de su gente, no seremos tan avanzados como sociedad.
Cuando arrancó la pandemia y se empezaron a desencadenar olas de maravillosa solidaridad, aplausos y admiración, algunos conocidos me decían que de esto saldríamos mejor. Pero lo que yo viví es que la clase política española no fue capaz de dejar sus diferencias aparcadas y ponerse a trabajar de una vez para evitar que la gente muriera. Si en ese momento, no fueron capaces nunca lo van a ser.
Además, tenia claro que ese mundo cambiaria en el momento en el que la cosa se normalizara y así fue. A las primeras de cambio, volvimos a ser seres egoístas. Y si nosotros no respetamos a los que han caído en este tiempo, a los que no hemos podido despedir, no respetamos a los que lo han dado todo por ayudarnos y ahora salen algunos que deciden no vacunarse no sé porqué motivo porque no le encuentro ninguna explicación que me pueda hacerlo entender. Si la gran mayoría de nuestra clase política se ha dedicado al “Y tu más…” constante en lugar de buscar soluciones, dejando morir gente, como pretendemos que, como sociedad, seamos capaces de tratarnos como personas sin más, con independencia de como sea, lo que me guste o lo que piense.
Si nos centráramos en esto, tratando con libertad y respecto real a nuestros empleados y colaboradores, eso se replica en cómo ellos, como embajadores de nuestra marca, se comunican con los clientes y transmiten nuestra imagen. Algo que siempre intentamos en The Qstomer, tratar a las personas por lo que hacen y aportan a nivel laboral, independientemente de lo que haga en su vida privada.
Y, por cierto, en otro momento hablaremos también de la extra sensibilidad de algunos hoy en día que, si bien, hay que ser tolerante tampoco hay que tener la piel tan fina como para quejarse por cosas que no tienen sentido. Recordemos que ofende quién puede y no quién quiere. Todo puede tener un contexto para ser dicho y no siempre tienen que ser con ánimo de ofender. Pero lo dicho, eso ya para otro día….